Eilmer de Malmesbury: ¿el primer aviador medieval y testigo de dos apariciones del cometa Halley?
Por Mag-Info Tech editorial · 2026-06-15

El monje Eilmer de Malmesbury ocupa un lugar peculiar en la historia de la tecnología y la astronomía medieval. Según crónicas del siglo XII, este religioso benedictino no solo soñó con volar, sino que lo intentó con un par de alas rudimentarias fabricadas con madera de sauce y tela, lanzándose desde la torre de su abadía en el pequeño pueblo inglés de Malmesbury. Aunque el vuelo terminó en un aterrizaje forzoso que le fracturó ambas piernas, su hazaña quedó inmortalizada en una vidriera de la abadía que aún hoy lo recuerda. Más allá de su afán por desafiar la gravedad, Eilmer es citado por haber observado el cometa Halley en dos ocasiones distintas: una en 1018 y otra en 1066, según la interpretación de un historiador contemporáneo. Esta conexión entre un pionero de la aviación primitiva y un fenómeno astronómico periódico plantea preguntas fascinantes sobre cómo los registros históricos entrelazan leyendas, ciencia y memoria colectiva.
Un reciente estudio publicado por un investigador de la Universidad de Leicester propone revisar la cronología de la vida de Eilmer y, con ello, la interpretación de sus observaciones astronómicas. James Aitcheson argumenta que el monje habría visto el cometa Halley en dos pasos distintos del cuerpo celeste: primero en 1018, cuando ya era un adulto, y luego en 1066, ya anciano, cuando pronunció su famosa frase: “Hace mucho tiempo que no te veía”. Esta hipótesis desafía las interpretaciones tradicionales que sitúan su primer avistamiento en 989, cuando Eilmer habría sido un niño. Si aceptamos que en 1066 tenía al menos ochenta años, su nacimiento habría ocurrido alrededor del año 984, lo que situaría su intento de vuelo —descrito como realizado “en su primera juventud”— entre los años 1000 y 1010. Sin embargo, como señala Aitcheson, estas fechas dependen de múltiples suposiciones y de la fiabilidad de las fuentes medievales, que rara vez ofrecen precisiones cronológicas claras.
La leyenda del vuelo de Eilmer: entre la historia y el mito
La historia del vuelo de Eilmer de Malmesbury se remonta a la obra del cronista Guillermo de Malmesbury, escrita hacia 1125. En su relato, el historiador describe cómo el monje, “en su primera juventud”, se lanzó desde la torre de la abadía —de unos 45 metros de altura— con unas alas improvisadas. El vuelo, que según la tradición recorrió unos 180 metros antes de un aterrizaje abrupto, demuestra un temprano interés por la aeronáutica, aunque con resultados desastrosos. Lo más llamativo es que Guillermo no proporciona una fecha exacta para este episodio, lo que ha generado un debate entre los historiadores sobre cuándo ocurrió exactamente. Algunos sugieren que pudo haber sucedido entre los años 1000 y 1010, cuando Eilmer aún era joven, mientras que otros proponen fechas más tempranas o tardías.
Lo que sí es seguro es que la figura de Eilmer ha sido mitificada a lo largo de los siglos. La vidriera de la abadía de Malmesbury, que data del siglo XV, lo representa como un pionero de la aviación, pero también como un símbolo de la curiosidad humana frente a lo desconocido. Esta representación artística refuerza la idea de que, más allá de los detalles históricos, Eilmer encarna un espíritu de innovación que trasciende su época. Sin embargo, la falta de registros contemporáneos al evento obliga a los historiadores a trabajar con fragmentos de información y a reconstruir su vida a partir de crónicas posteriores, lo que añade incertidumbre a cualquier conclusión.
El cometa Halley y su relación con Eilmer: dos apariciones en medio siglo
La conexión entre Eilmer y el cometa Halley se basa en un pasaje de Guillermo de Malmesbury, quien relata que, ya anciano, el monje observó el paso del cometa en 1066 y exclamó: “Hace mucho tiempo que no te veía”. Esta frase ha sido interpretada como una referencia a que Eilmer ya había visto el cometa en una ocasión anterior. Tradicionalmente, se ha asumido que ese primer avistamiento ocurrió en 989, cuando el cometa Halley pasó cerca de la Tierra y Eilmer habría sido un niño de apenas cinco años. Sin embargo, James Aitcheson propone una reinterpretación: si Eilmer tenía ochenta años en 1066, su nacimiento habría sido alrededor del año 984, lo que situaría su primer avistamiento del cometa en 1018, cuando ya era un adulto.

Esta nueva cronología tiene implicaciones importantes. Si Eilmer vio el cometa en 1018, entonces su intento de vuelo —que, según la hipótesis, ocurrió entre 1000 y 1010— habría tenido lugar cuando el cometa ya era visible en el cielo. Esto sugiere que la observación astronómica y su afán por explorar los límites del vuelo humano podrían estar relacionados en la mente de Eilmer. Aunque no hay evidencia directa que vincule ambos eventos, la coincidencia temporal invita a reflexionar sobre cómo los fenómenos celestes influyeron en la imaginación y las acciones de las personas en la Edad Media.
Las limitaciones de las fuentes históricas medievales
Uno de los mayores desafíos al estudiar la vida de Eilmer de Malmesbury es la escasez de fuentes primarias. La principal referencia proviene de la obra de Guillermo de Malmesbury, escrita casi un siglo después de los supuestos eventos. Las crónicas medievales rara vez incluían fechas exactas, y los registros históricos de la época eran escasos y fragmentarios. Esto significa que cualquier reconstrucción de la vida de Eilmer está sujeta a interpretaciones y suposiciones.
Aitcheson reconoce en su estudio que las fechas propuestas para el vuelo y los avistamientos del cometa dependen de múltiples inferencias. Por ejemplo, la afirmación de que Eilmer tenía “ochenta años” en 1066 es una estimación basada en la frase “avanzado en años” utilizada por Guillermo de Malmesbury. Del mismo modo, la edad mínima de cinco años en 989 para justificar un avistamiento infantil del cometa es arbitraria y no está respaldada por evidencia directa. Estas incertidumbres subrayan la dificultad de trabajar con fuentes históricas medievales, donde la precisión cronológica es rara y la subjetividad del cronista juega un papel importante.
La astronomía medieval y el cometa Halley: un fenómeno recurrente
El cometa Halley es uno de los cuerpos celestes más famosos de la historia, con registros de su avistamiento que se remontan a la antigüedad. Su período orbital de aproximadamente 76 años lo hace visible desde la Tierra en intervalos regulares, lo que permitió a los astrónomos y cronistas medievales documentar su paso en múltiples ocasiones. En la Edad Media, los cometas eran interpretados como señales divinas o presagios, lo que añadía un componente simbólico a su observación.








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El paso del cometa Halley en 1066 es especialmente relevante en la historia europea, ya que coincidió con la invasión normanda de Inglaterra y la batalla de Hastings. Este evento fue registrado en el Tapiz de Bayeux, donde el cometa aparece representado como una estrella con cola, reforzando su asociación con cambios políticos y sociales. En este contexto, la observación de Eilmer adquiere un significado adicional: no solo como un testimonio astronómico, sino también como un elemento más en la narrativa histórica de la época.
¿Por qué importa la reinterpretación de Aitcheson?
La propuesta de Aitcheson no se limita a ajustar las fechas de la vida de Eilmer, sino que abre una ventana a una comprensión más profunda de cómo los fenómenos astronómicos eran percibidos y registrados en la Edad Media. Si Eilmer vio el cometa Halley en 1018 y nuevamente en 1066, esto sugiere que su interés por la astronomía podría haber sido más duradero y consciente de lo que se pensaba anteriormente. Además, la conexión entre su intento de vuelo y la observación del cometa invita a explorar cómo los avances técnicos y científicos, por rudimentarios que fueran, podían coexistir en la mente de una misma persona.
Esta reinterpretación también tiene implicaciones para la historia de la ciencia. Aunque la astronomía medieval no alcanzaba el rigor de la ciencia moderna, los registros de observaciones como las de Eilmer demuestran un esfuerzo por comprender el cielo y sus ciclos. En un contexto donde la tecnología era limitada, la observación directa y la transmisión oral o escrita de conocimientos eran fundamentales para preservar el saber astronómico.
Lecciones para la historia de la tecnología y la ciencia
La figura de Eilmer de Malmesbury ilustra cómo la historia de la tecnología no se limita a inventos exitosos o avances documentados en crónicas oficiales. Su intento de vuelo, aunque fallido, representa un esfuerzo por explorar nuevos horizontes, algo que siglos después sería retomado con mayor rigor científico. Del mismo modo, su observación del cometa Halley refleja la importancia de la astronomía en la vida cotidiana y en la toma de decisiones políticas y sociales.
Para los historiadores de la ciencia y la tecnología, el caso de Eilmer es un recordatorio de que los avances no siempre siguen una línea recta. A menudo, son los fracasos, las curiosidades y las observaciones aparentemente menores las que sientan las bases para futuros descubrimientos. En un mundo donde la innovación suele medirse en términos de patentes o publicaciones científicas, la historia de Eilmer nos recuerda que la curiosidad humana y la voluntad de experimentar han sido motores del progreso desde tiempos inmemoriales.

¿Qué sigue para la investigación histórica?
El estudio de Aitcheson abre nuevas líneas de investigación, pero también plantea preguntas que requieren un análisis más profundo. ¿Existen otros registros contemporáneos o posteriores que puedan confirmar o refutar la hipótesis de los dos avistamientos del cometa Halley por parte de Eilmer? ¿Qué otros documentos o crónicas podrían arrojar luz sobre su vida y sus logros? Además, sería valioso explorar cómo otros cronistas medievales interpretaron fenómenos astronómicos similares y si existen paralelos con la figura de Eilmer en otras regiones de Europa.
Por otro lado, la reinterpretación de la cronología de Eilmer invita a revisar otras leyendas y mitos medievales en busca de conexiones entre eventos aparentemente desconectados. La historia de la ciencia y la tecnología no solo se construye a partir de inventos exitosos, sino también de fracasos, observaciones y curiosidades que, aunque no siempre registradas con precisión, forman parte del tejido cultural de una época.
Conclusión
Eilmer de Malmesbury es una figura que trasciende los límites de la historia convencional. Su intento de vuelo, su observación del cometa Halley y su representación en la vidriera de la abadía de Malmesbury lo convierten en un símbolo de la curiosidad humana y la búsqueda de conocimiento. La reinterpretación de James Aitcheson no solo ajusta las fechas de su vida, sino que también nos invita a reflexionar sobre cómo los fenómenos astronómicos y los avances técnicos han estado entrelazados a lo largo de la historia.
Aunque las fuentes medievales son limitadas y las fechas inciertas, el caso de Eilmer demuestra que incluso los registros más fragmentarios pueden revelar historias fascinantes. Su legado, más allá de ser un pionero de la aviación o un astrónomo aficionado, es un testimonio de cómo la humanidad ha intentado comprender y dominar el mundo que la rodea. En un contexto donde la tecnología avanza a pasos agigantados, la historia de Eilmer nos recuerda que la innovación no es un fenómeno exclusivo de la era moderna, sino una constante en la experiencia humana.
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